El mundo está confundido con los alcances del corona virus por sus consecuencias en muertos, su expansión territorial, la cuarentena y sus impactos sobre la economía, ante el cierre de establecimientos, fábricas y prestación de servicios. Los alcances de la comunicación virtual son cortos, pese a que en todo lado se han ingeniado programas y actividades para “entretener” y en algo resolver domiciliariamente las emergencias de la población.

Pero igual de grave a lo anterior es la contracción de las economías y del comercio tanto nacional como internacional. La suspensión del empleo y el aumento escandaloso del desempleo y con ello la escasez de dinero ligado a la especulación.

Pero esto es solo el principio de un problema mayor: el destape de los cordones de miseria humana en todos los territorios: falta la comida, no hay para pagar arriendos ni servicios, el desespero cunde y lo que los gobiernos como expresión del estado no hicieron en el devenir de los problemas, ahora deben hacerle frente a contragolpe a riesgo de la corrupción (más fatal que el virus porque se roban la comida de los hambrientos).

Y llegará la vacuna. Mientras tanto, la cifra de muertos y discapacitados en sus organismos aumentará, quebrando las estructuras hospitalarias y funerarias.

A cada día que pasa es más incierta la solucion al problema social, que no es un asunto de palabras suaves como “población vulnerable”.

Los miserables -más que pobreza crítica-, son los abandonados de siempre por el Estado que les extiende migajas para calmar su sed de justicia. Ni que hablar de los bancos, los empresarios y los políticos que se siguen enriqueciendo al precio de robarle a la sociedad sus derechos a calmar sus necesidades y al progreso con dignidad. Como piensan detener ahora los clamores constantes y hasta beligerantes de quienes un virus los puso en la escena principal y no se amilarán ante la represión, que ya muestra sus nuevas adquisiciones “disuasivas”?.

Cabe destacar, la extensa y cualificada solidaridad de la clase media, de los pobres compartiendo el pan; y claro, no faltó el aporte de los poderosos que con la ayuda iba la factura al gobierno para que les devuelva con intereses por los efectos de la parálisis productiva.

En estas situaciones es que se valida y urge el nacimiento y fortalecimiento de formas de organización social y económica capaz de generar formas de trabajo asociado, productivo y distributivo, creando circuitos horizontales, participativos y autónomos, multiplicando progreso, calidad de vida y recuperando el tejido social. ESTAMOS HABLANDO DE LAS VIRTUDES DE LA CULTURA Y ECONOMÍA DE LA SOLIDARIDAD. Estamos a tiempo para fortalecer la senda del buenvivir inspirada en nuestros ancestros y con estructuras propias de desarrollo humano, social y empresarial.

No hay peor virus que el de la injusticia social; no hay peor injusticia social que el hambre de un pueblo. Hacer de la Solidaridad una constante en nuestras vidas.

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